
25 años de la ignominia al “Caballero del fútbol”
El 2 de julio de 1994 será recordado por los amantes del deporte más multitudinario del mundo, porque ese día seis disparos segaron la vida de Andrés Escobar Saldarriaga, el número 2 de la selección Colombia, la cual acababa de regresar luego de la eliminación del Mundial de 1994, producto de un desafortunado autogol que él encajara en su propio arco.

Fotografía cortesía de: Contrastes.co
El 2 de julio de 1994 será recordado por los amantes del deporte más multitudinario del mundo, porque ese día seis disparos segaron la vida de Andrés Escobar Saldarriaga, el número 2 de la selección Colombia, la cual acababa de regresar luego de la eliminación del Mundial de 1994, producto de un desafortunado autogol que él encajara en su propio arco.
Eran los días cuando las mafias del narcotráfico empezaban a azotar todos los escenarios sociales, sin piedad, sin descanso, y acaso sin justificaciones de peso, como le sucedió a uno de los más grandes futbolistas colombianos de todos los tiempos, a quien le llamaban el “Caballero del futbol”, y al que según la versión que más cobra valor de las que se tejieron en torno a su asesinato, lo acribillaron porque aquel gol había hecho perder mucho dinero a los apostadores, quienes le iban a la selección favorita para ganar el mundial, luego de clasificarse venciendo a la de Argentina en su propia casa, cinco goles por cero.
Dentro de los muchos homenajes que ha recibido en cada nuevo aniversario y los que se le rindieron en todo el mundo en su momento, hubo uno que le hicimos los colombianos residentes en Venezuela el 20 de julio de ese mismo año, durante la celebración del Día de la Independencia. En la fachada de la sede del consulado colombiano en la ciudad de Caracas se exhibió el acróstico que escribí en medio de la amargura que me produjo su deplorable partida. Hoy, cuando retomamos la pluma, luego de un largo receso dedicado a los quehaceres políticos, quiero compartirlo con ustedes, amables y pacientes lectores del Informativo Presencia.
Ronco de alma… y aun así
A contravía de tu trayecto
Nada pudo ser tan adverso.
De bruces a la esférica
Respiraste entera la tribulación.
Era la constante en la faena, y
Sin embargo… Ándres
Entre amargura y llanto
Salto del agua al vino.
Cuándo cesará lo de cesar?
Oquedad en medio del pecho
Brusco vaho del averno
A cesar, a cesar!
Retorne ya la primavera!
Sonó el silbato
Antes de tiempo.
La cancha, ese estadio de la vida,
De único resguardo del pánico
Alcanzó su categoría sin
Redimir a la inocencia, sin
Resguardar a la euforia de la furia.
Inermes, pusilánimes vemos
Anegarla de sangre, mientras el ronco
Grito unánime, apenas supera al tableteo
Adónde? hasta cuándo!!!
Por: Ángel David Esguerra Tache

